Rastrillando

La carretera de la muerte…

Mario Munguía Murillo /    2018-12-11
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¿Alguna vez les platique de cuando hice mi primer viaje en autobús a la frontera norte, a Nogales?; si, era un plebe de ocho años; vivía en un mundo mágico, ese que hoy los niños pierden frente a la pantalla fría de su celular matando monstruos.

El camión lo tomábamos en la calle Sonora, entre Manuel González (hoy tiene otro nombre, Soria) y Jesús García Corona, Central de Autobuses se llama, ahora solo salen trasportes para la Costa y algunos pueblos de la Sierra. Había que madrugar, pues el viaje era largo, 4 o 5 horas, dependía si llegaba a los pueblos en tránsito y, las tiendas del otro lado las habrían a las 9 o 10 de la mañana.

Para mí, fue una aventura, primero, porque iba a viajar en un camión grande, color plateado y una franja roja en la parte media y, sobre de ella en letras blancas decía “TNS” (Trasportes Norte de Sonora), de esos que veía pasar todos los días por la calle Revolución.

Segundo, porque iba a estrenar mi pasaporte, y mi Nana Elvira me iba a comprar ropa. Fue la única vez que viaje con mi Nana, creo que ella nunca más volvió a salir de Hermosillo, se dedicó a trabajar en su local del Mercado Municipal #1, en su negocio que se llamaba Café Elvira, que fundo en 1936. Hoy se llama Café Maggi.

Es un viaje de 278 kilómetros, de Hermosillo a Nogales sobre la carretera federal número 15; en realidad, tiene una longitud de 2378 km. pues inicia en la ciudad de México y se terminó de pavimentar el 1 de septiembre de 1952 en el Gobierno de Miguel Alemán Valdés.

En Sonora ocupa un espacio de 697 kilómetros partiendo de sur a norte de Estación Don a Nogales.

Después, viaje muchas veces con mi madre la Maggi, con mi padre Pancho, y luego crecí, me hice “grande” y, pues ya podía viajar solo, a veces con mi primo la Changa y un amigo. Lo mismo me fugaba a Nogales que a Navojoa, Cajeme o a Guaymas. Me gustaba viajar, la mayoría eran viajes de un día para que mi ‘ama no se diera cuenta. Al final, siempre sabía.

Era la carretera de la muerte, decía la gente; un carril de ida y otro de venida, ambos eran angostos. Cierto, sucedieron decenas de accidentes, algunos fatales. Pero no había otra opción, de alguna manera había que llevar las mercancías al otro lado de la frontera y, traer lo permitido de allá pa’ca. Ya era la megaregión.

La carretera sirvió para desarrollar progreso, dicen los políticos, pero lo que no dicen y asumen la responsabilidad es en lo pobre de los materiales utilizados para su construcción, nunca les ha importado la vida de los que por necesidad tenían y tienen que utilizar la que desde hace 58 años se le conoce como “la carretera de la muerte”.

Se hizo un intento importante por parte del gobernador Rodolfo Félix Valdez en 1985 iniciaron la construcción de dos carriles más. Hoy la vemos, la transitamos más o menos “cómodamente”. Pero, a pesar del esfuerzo del gobernador Félix Valdez, los verdaderos responsables, el delegado de la SCT, los administradores de las casetas de cobro que, junto a voraces constructores, han obtenido ganancias súper millonarias so pretexto de “mantenimiento”.

“El programa de mejoramiento de la red carretera en general de la SCT contempla una inversión sexenal para el Estado de Sonora de 15 mil millones de pesos”;  lo dijo en julio del 2013 el director del Centro SCT-Sonora Javier Hernández Armenta;  señaló que se trata de una obra que se construye a base de concreto hidráulico, donde se pretende cubrir una extensión total de mil 304 kilómetros de ida y vuelta !!!wauu¡¡¡ con una inversión de 20 mil millones de pesos.

En mayo del 2018, vino el secretario de la SCT Gerardo Ruiz Esparza, y aseguro “Aquí, mi querida gobernadora, me permito anunciar que quedará terminada, sin duda alguna, en el próximo mes de agosto; una obra, amigos, amigas, querida gobernadora, sumamente completa”.

Estos 20 mil millones son, sin contar lo que en los últimos 30 años se han “invertido”.

Toda esta historia viene a cuento pues en Alaska ocurrió un sismo magnitud 7 que se registró el viernes 30 de noviembre de este año; dice la nota periodística: “…las imágenes de una autopista ubicada en la ciudad de Anchorage que funcionaba como camino para el aeropuerto internacional local, en donde se aprecia el asfalto completamente destrozado y se creó un agujero enorme, con una camioneta varada en el camino fragmentado. Cuatro días después, el martes 4 de diciembre, la vialidad estaba completamente restaurada, "como nueva"; incluso, se habían pintado ya las líneas divisorias en el asfalto. Según reportan, y más allá del enorme logro obtenido con la autopista, se identifican al menos 50 obras de infraestructura más que necesitan ser reparados. El gobierno local liberó un presupuesto de 5 millones de dólares para las tareas de apoyo y reconstrucción en Alaska”.

¿Sabe usted cuanto es 5 millones de dólares en pesos mexicanos?

Le digo con mucho gusto: son $101,500,000 a $20.03 al día 9 de diciembre del 2018. Existe una gran diferencia entre lo “invertido” aquí en comparación con Alaska, tanto en pesos y centavos como en calidad del producto terminado y, el tiempo empleado. Pero, la diferencia en costo es de 197.04 % menos en comparación con los 20 mil millones que dicen se invirtieron en Sonora.

De ese tamaño es la burla y el robo que hace el delegado de la SCT Javier Hernández, por más “argumentos” que se digan. He dicho.

 Pero mejor a’í se las dejo. Ya es diciembre y poco se ha escuchado de posadas ¿qué pasa? ¿Será la austeridad republicana la culpable?...¡¡¡SARAVAH!!!

 

 

 

 


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