Cero tolerancia 

Arturo Soto Munguia /    2020-09-29
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Clase de balconeada la que le dieron a un par de agentes municipales de Hermosillo, al captarlos en flagrancia practicando el viejísimo arte de ‘morder’ a un ciudadano de la tercera edad.

La ‘mordida’ es quizá la práctica de corrupción más normalizada en la sociedad, al grado de que hubo un tiempo -ignoro si se siga usando- en que algunos resignados se preparaban para salir de fiesta los fines de semana, apartando un billete de 200 o 500 pesos porque era de rigor que los detuviera una patrulla y con eso salían del atorón.

El fuerte incremento a las multas por conducción punible elevó también el monto de las ‘mordidas’.

Los agentes en cuestión ya están siendo objeto de una investigación por parte de la Comisión de Honor y Justicia de la propia corporación, después de que la alcaldesa Célida López se reconociera molesta con esa situación y manifestara que si de ella dependiera, cesaría fulminantemente a los elementos policiacos.

No es para menos la reacción de la munícipe, pues la balconeada le pega al gobierno municipal justo debajo de su línea de flotación, en esa parte del discurso que constituye el eje central de los gobiernos de la 4T: el combate a la corrupción.

Queda claro que la corrupción es una práctica perversa muy arraigada en la cultura del mexicano, y que no está determinada por la militancia política o los fundamentos ideológicos. En todas partes, lamentablemente, se cuecen habas.

El problema es que se dijo que ya no sucedería, por eso los agentes involucrados deberán recibir un castigo ejemplar, aunque difícilmente eso inhibirá de manera sustancial la comisión de esas malas prácticas. De hecho, los agentes tuvieron la mala suerte de ser videograbados, pero cualquiera puede suponer que escenas como esa de la que fueron protagonistas, se repiten cotidianamente en las calles de todos los municipios del estado y del país.

Por lo menos, la alcaldesa ya dijo que habría cero tolerancia. Veamos qué sucede.

II


Y sin salirnos del ámbito municipal, la observadora lectora, el avezado lector se habrá dado cuenta que en las últimas semanas la diputada federal Lorenia Valles ha aparecido junto a la alcaldesa en varios eventos, entregando obras en la ciudad y sus zonas rurales.

No sorprende el activismo de la diputada, pues hay que reconocer que de los siete electos, es la que más suelas ha gastado en el trabajo de tierra, pero llama la atención que lo haya intensificado al lado de la alcaldesa en lo que a todas luces es un placeo con miras a posicionar su figura rumbo a las pizcas electorales del año próximo.

Desde hace tiempo se menciona a Lorenia Valles como la carta más fuerte de Morena para la alcaldía de Hermosillo, pero eso sólo sería posible si Célida declinara su intención de reelegirse. Pase lo que pase, a la señora Valles la veremos en las boletas el año que entra, eso es seguro.

Por cierto, otro que trae un tren de actividades bastante considerable y con una amplia cobertura de medios y presencia en redes sociales es el director de Transformación Social, Edgar Sallard, que sin duda está construyendo su candidatura a una diputación local, mínimo.

“El Güero” Sallard es un personaje muy cercano a la alcaldesa, con quien trabajó durante los tres años que ella firmó como diputada en el Congreso local, y con quien sigue trabajando ahora en el ayuntamiento.

Digan que se los dijo un loco, pero “El Güero” ya anda escogiendo la foto para la boleta electoral.

III

Ayer hubo movilizaciones en distintas partes del planeta en el marco del Día de Acción Global por el Derecho al Aborto Legal y Seguro. Un tema polémico como pocos que inevitablemente está en la agenda pública del mundo entero.

Una bandera que han levantado desde hace décadas las feministas y que en México ha provocado reformas legales en varios estados para darle un marco normativo al derecho de las mujeres a decidir.

Tarde que temprano, ese tema habrá de discutirse en el Congreso local, aunque hasta ahora no ha concitado las simpatías de la mayoría de diputadas y diputados. 

La despenalización del aborto, la interrupción legal del embarazo fue un tema que conquistó el voto de muchas mujeres por Morena en 2018. Mujeres que, a dos años de esa elección, consideran que ya en el gobierno Morena les ha fallado.

Son las mujeres que ayer se manifestaron en la Ciudad de México y en otras ciudades del país con el sello característico de sus movilizaciones: la violencia. 

Una violencia que por cierto, no puede ser condenada si se mira a través del cristal de esa otra violencia que ha dejado miles de muertas, heridas, violadas, acosadas, desaparecidas.

En Hermosillo, las feministas marcharon hasta el Congreso del Estado, donde rompieron ventanales, hicieron pintas y dañaron el inmueble. Daños que se pueden reparar, lo que no sucede con las vidas perdidas o destrozadas, argumentan. Y tienen razón.

Pero (siempre hay un pero) las manifestantes no tienen ni el monopolio de la verdad ni la representación del resto de la sociedad. Hay, les guste o no, gente que no está de acuerdo con sus demandas y además, gente que pudiera simpatizar con su causa, pero que no valida sus métodos.

En la Ciudad de México la manifestación fue reprimida y hubo choques con la policía, dejando un saldo de varias lesionadas (manifestantes y policías mujeres). En Hermosillo se les dejó ser. Rabiosamente rompieron a batazos los acrílicos del inmueble y pintaron en sus muros las leyendas que resumen sus demandas.

Vivimos tiempos convulsos en los que es fácil hablar de tolerancia cuando se trae un garrote en la mano y una intensa proclividad a la victimización cuando desde el otro lado se les responde con otro garrotazo.
Sé que a muchos no les va a gustar lo que voy a decir, pero hizo bien la gobernadora en no reprimir a las mujeres manifestantes. Los daños al edificio del Congreso como quiera se reparan, pero los fetos abortados no vuelven al útero… ¿o cómo era?

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