¿El naranja es mi color?

Arturo Soto Munguia /    2020-08-12
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Fueron dos los criterios considerados por el Comité Municipal de Salud en Hermosillo para eliminar las restricciones a la movilidad vehicular y la apertura de negocios no esenciales: por un lado, que el gobierno federal tiene a Sonora y su capital con el semáforo naranja; por el otro, la urgencia de la reactivación económica.

 

Dadas las circunstancias en la que esto se da, parece una apuesta bastante riesgosa si se toma en cuenta que el Ayuntamiento está dejando prácticamente en manos de los ciudadanos su autocuidado, cuando a lo largo de cuatro meses la escalada de contagios y muertes obedece fundamentalmente a la omisión de esos cuidados.

 

Si nos atenemos a los datos fríos, el único indicador para considerar que la tormenta está amainando es el descenso en el número de pacientes hospitalizados; de allí en fuera los reportes diarios muestran un ligero descenso ocasional, pero las cifras siguen siendo graves.

 

Ahí está el caso del hospital Chávez del Isssteson, donde el área Covid fue completamente desocupada en sus 30 camas, pero esto fue porque el área recibió en estos días un servicio de sanitización, de manera que algunos de los pacientes fueron trasladados a las áreas  que usualmente albergan a otro tipo de derechohabientes.

 

El director del Isssteson, Pedro Ángel Contreras Pérez advirtió que en caso de recibir más pacientes de Covid19, el pabellón habilitado para atenderlos volverá a ser ocupado. Es decir, no es momento aún de echar las campanas al vuelo.

 

Nada más ayer se reportaron 11 muertes y 130 contagios en Hermosillo; antier hubo 23 muertes y 151 contagios, lo que indica un descenso que ojalá marcara tendencia, pero no hay certeza de ello, menos aún con el desfase de cifras, la no apertura de datos y esa gran nube de incertidumbre que nació con el modelo Centinela y que alimenta las dudas sobre las cifras reales.

 

Como sea, el Ayuntamiento de Hermosillo se animó a dar este paso a recomendación del Comité Municipal de Salud, conminando a la población a mantener y reforzar las medidas de prevención.

 

El semáforo naranja abre el umbral del regreso a la nueva normalidad y quisiera ser optimista y pensar que ya la gente entendió la importancia del confinamiento, las salidas indispensables, la sana distancia, el uso de cubrebocas y demás. Pero cualquiera que haya salido a la calle en las últimas semanas tendrá suficiente evidencia empírica para pensar lo contrario.

 

Ahora bien, ¿qué implica el semáforo naranja?

 

Primero, la eliminación de la restricción a la circulación en vehículos automotores, que estaba limitada de 6 AM a 9 PM. Ya no se requerirá el permiso especial de tránsito para circular a cualquier hora del día y de la noche.

 

Los negocios no esenciales pueden abrir sus puertas bajo los lineamientos de prevención y seguridad establecidos por el IMSS: hoteles y áreas comunes; restaurantes y cafeterías, 50% de su capacidad.

 

Lo mismo para peluquerías, estéticas, barberías, spas y centros de masajes y sólo mediante citas previas.

 

Parques, plazas y espacios públicos, al 50% de su capacidad.

 

Iglesias o cualquier otro centro de culto religiosos, al 25%.

 

La información completa la puedes consultar en este link https://www.elzancudo.com.mx/vernoticias.php?artid=22884&categoria=1

 

Es obvio que el Comité de Salud estuvo muy presionado por tanta gente cuyas vidas dependen de la apertura de micros, pequeños y medianos negocios y que ya no aguantan más la parálisis económica.

 

Lo que sigue, además de encomendarse a Dios quienes en él crean, es extremar las precauciones y, si no hay necesidad de salir, mantener el confinamiento como si el semáforo estuviera en rojo.

 

II

 

Dos cosas quedan claras en el caso Lozoya: una, el gobierno federal administrará el escándalo hasta insertarlo en la agenda electoral 2021 y dos, no hay razón alguna para dudar que los señalados hasta ahora por el ex director de Pemex no hubieran cometido las barbaridades que éste asegura.

 

Como tampoco las hay para pensar que Lozoya sea una Carmelita Descalza a la que chamaquearon, presionaron e instrumentalizaron para clavarle salvajemente la uña al erario, partir y repartir el pastel de la corrupción para financiar campañas electorales.

 

Lo de la reforma energética no necesitaba sobornos pues quienes la aprobaron lo hicieron convencidos de que era lo correcto, aunque si hubo algún tipo de interés pecuniario en ello, se inscribe en una práctica muy usual en el pasado según la cual se ‘aceitaba’ la maquinaria legislativa para la consecución de objetivos en turno. Los famosísimos ‘moches’ que, gracias a la 4T han desaparecido junto a todo vestigio de corrupción, de acuerdo a lo externado recientemente por el presidente de la República mientras agitaba al viento un pañuelo blanco.

 

Preparémonos entonces para una larga dosificación de litigios, acusaciones, denuncias, amparos y hasta uno que otro difuntito como los que ya han comenzado a aparecer por allí, ligados de uno u otro modo al primer círculo que gobernó el sexenio pasado, y hasta del antepasado.

 

Muy útiles, además, para mantener ocupado al respetable público mientras se avanza dando tumbos por el accidentado sendero de la pandemia, la crisis económica, la falta de dinero y la abundancia de retórica.

 

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