Victor Hugo Celaya Celaya

La Aduana que México Necesita

Especial /    2026-02-26
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La reforma aduanera de 2026 abre una ventana histórica. Aprovecharla depende de lo que ocurra en la operación diaria, no en el texto de la ley.

El comercio internacional es hoy uno de los temas más estratégicos para el crecimiento de México en las próximas décadas. Las oportunidades de inversión, la expansión de los negocios y la generación de empleo dependen, en buena medida, de qué tan bien opera nuestra infraestructura de comercio exterior.

El entorno global no simplifica las cosas. Las decisiones del presidente Donald Trump de aplicar aranceles globales de entre 10% y 15%, tras la resolución de la Suprema Corte de Estados Unidos que invalidó su esquema arancelario original, nos recuerdan que el comercio mundial opera hoy sobre terreno incierto. México y Canadá pueden estar temporalmente exentos bajo el T-MEC, cuya revisión está prevista para julio de 2026, pero la volatilidad llegó para quedarse. Y cuando el entorno externo es impredecible, lo único que podemos controlar es nuestra eficiencia interna. Ahí es donde entra la modernización aduanera.

Un sistema que define si México gana o pierde
La aduana ya no es una ventanilla de sellos y papeles. Es infraestructura estratégica. Es el punto donde se define si México es competitivo o caro, confiable o incierto, ágil o lento. Es, en términos concretos, la cara del país ante los mercados internacionales.

Este 2026 arrancó con una reforma a la Ley Aduanera aprobada en noviembre de 2025 y publicada el 19 de ese mismo mes, diseñada para cerrar espacios al contrabando y endurecer responsabilidades. Eso era necesario. Pero la pregunta relevante es otra: ¿la operación diaria está realmente alineada con ese objetivo?

Los exportadores e importadores, que son los usuarios fundamentales del sistema, siguen señalando lo mismo: trámites lentos, criterios dispares entre aduanas, sistemas que fallan, dobles capturas de información y revisiones que no necesariamente detectan el ilícito, pero sí detienen los embarques y generan costos. El problema no está en la ley. Está en el modelo operativo y en prácticas de burocracia y corrupción que no se han resuelto.

El desbalance que nos cuesta
Pese a los esfuerzos institucionales, el diagnóstico es claro: demasiada revisión física y poca inteligencia basada en datos. Se pone demasiado énfasis en detener y poco en liberar con confianza y auditar después. El resultado es un cuello de botella que encarece el comercio sin mejorar el control.

El mundo ya funciona diferente. La Organización Mundial del Comercio (OMC) impulsa la liberación rápida con auditoría posterior. La Organización Mundial de Aduanas (OMA) promueve la gestión de riesgos y las alianzas con el sector privado. Singapur opera con sistemas integrados donde la información fluye antes de que la mercancía llegue al puerto. El desempeño se mide públicamente con indicadores del Banco Mundial y de la OCDE. No es discurso ni intención; es medición y resultados.

Según el Índice de Desempeño Logístico del Banco Mundial, México ocupa posiciones intermedias en eficiencia aduanera respecto a sus principales socios comerciales, muy por debajo de países que hoy compiten directamente con nosotros por la inversión manufacturera global.

El nearshoring exige más que geografía
Si México quiere aprovechar el potencial del nearshoring, no basta con estar geográficamente cerca de Estados Unidos. Necesitamos ser operativamente confiables. Una frontera incierta ahuyenta la inversión. Una aduana lenta castiga al formal y abre espacio al ilícito.

Modernizar no significa revisar más. Significa revisar mejor: liberar rápido al importador y exportador que cumple, y concentrar la energía en quien representa un riesgo real. Eso requiere cinco condiciones fundamentales.

Primero, sistemas tecnológicos que no fallen y que se comuniquen entre sí, algo que hoy no ocurre con consistencia. Segundo, gestión de riesgos basada en datos reales de operadores, no en sospechas o estimaciones generales. Tercero, auditorías sólidas posteriores al despacho, para no frenar la frontera. Cuarto, coordinación permanente, las 24 horas del día, los 7 días de la semana, entre aduanas, puertos, aeropuertos y transportistas. Y quinto, reglas claras que den certeza jurídica, no miedo operativo en cada cruce y cada envío.

Una oportunidad que no podemos desperdiciar
La reforma publicada en noviembre de 2025, que reforma, adiciona y deroga diversas disposiciones de la Ley Aduanera mexicana, puede ser una oportunidad histórica si se acompaña de manuales claros, métricas públicas y mecanismos ágiles de solución de controversias. Sin eso, puede convertirse en más fricción comercial y en costos adicionales para los operadores que cumplen.

México tiene la posición geográfica. Tiene acceso a sistemas digitales avanzados e inteligencia artificial para mejorar procesos. Tiene el T-MEC. Tiene la demanda internacional de un socio confiable en la cadena de suministro. Lo que necesita ahora es la infraestructura institucional que respalde todo eso.

La modernización aduanera no es un tema técnico ni burocrático. Es un tema de crecimiento, inversión y reputación como país. En un entorno global incierto, la eficiencia fronteriza es poder económico. Decidir si México será plataforma de comercio global o seguirá siendo un país con potencial desaprovechado no es una discusión para el futuro. Es una decisión que se toma hoy, en cada despacho, en cada cruce, en cada proceso que la reforma de 2026 ahora debe hacer realidad en la práctica.

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