Lorenia Valles: de lo impensable a lo posible. La entrevista
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Excusadme, camaradas. No comprendo lo que quieren de nosotros. ¿Quieren que nos ocupemos de política? ¿Y cuándo vamos a estudiar? Otra cosa sería si crearan cualquier sociedad deportiva, un club, donde fuera posible reunirse, leer, pero se nos propone que nos ocupemos de política, y luego le ahorcan a uno por ello. Perdón, pienso que nadie estará de acuerdo.
Nikolai Ostrovsky
Así se templó el acero
Fue de su madre, una mujer muy joven y con una rebeldía bien enfocada, de quien comenzó a abrevar temas que, en su adolescencia temprana no tenía del todo claros, pero le parecían muy interesantes: la participación política, la importancia de votar, de organizarse.
“Ella era la activista de la casa, una mujer de izquierda, de libertades; adelantada a su tiempo”, recuerda Lorenia Valles al echar la mirada atrás, escudriñando en los orígenes de las inquietudes que revoloteaban desde entonces en su impronta y que la llevaron a dar siempre un paso al frente para ser parte lo mismo de la escolta en la primaria que de la sociedad de alumnos en la secundaria, las actividades estudiantiles en la prepa o de la iglesia del barrio.
Lorenia Valles es la mayor de 4 hermanos y como tal, siendo muy joven comenzó a formar parte de las conversaciones de sobremesa, en las reuniones familiares de aquellos años de transición entre la década de los 80 a los 90, signados por el ascenso del cardenismo y la formación del PRD, partido por el que votaban siempre sus padres, una pareja que decidió casarse a temprana edad -mesero él, ama de casa y comerciante ella- y fincaron su residencia en la colonia Álvaro Obregón, un barrio popular del norponiente de Hermosillo, donde aún viven, en la honrada medianía.
Para una joven que ya comenzaba a interesarse en los temas sociales y de solidaridad con los más desprotegidos, incipiente activista de sus causas, no le resultó difícil integrarse a las tareas de gestión para la regularización de un asentamiento urbano de por aquellos rumbos, hoy conocido como la colonia Las Ladrilleras.
Cualquiera que haya estado cerca de la historia de una ‘invasión’ urbana en Hermosillo sabe que bajo los maderos y las láminas negras, sobre las callejuelas de tierra, los inviernos son tan crudos como despiadados los veranos e implacables las lluvias. Allí se vive la pobreza extrema, las carencias de lo más indispensable; el entretejido de las historias más tristes.
Apareció entonces doña Rosa Chávez. El destino quiso que conociera a Lorenia y la invitara a participar de las tareas de gestión para la regularización de la colonia, pero no solo eso: también en la organización del movimiento urbano-popular, que es toda una escuela de formación política.
Ahí. Bajo un tejabán y detrás de una rústica mesa de maderos, doña Rosa atendía a todos.
“Era impresionante. Ella me enseñó que no hay que tener todo para ayudar a los demás. En esa mesa doña Rosa canalizaba las gestiones: que unas láminas para un techo; que el hijo de una señora que se enfermó, que una denuncia por violencia intrafamiliar. Todo, lo mismo la organización del Día del Niño o de la Madre, las posadas; la gestión para conseguir las camionetas en las que se trasladaba a las mujeres al DIF o a las instituciones de salud para hacerse el Papanicolau, la mastografía o cualquier caso de salud femenina que en aquel entonces eran un mayor tabú que ahora”, relata.
II
Lorenia Valles se convirtió en asistente de doña Rosa. Redactaba las solicitudes al ayuntamiento o a las dependencias estatales y federales; ayudaba en la organización de marchas y plantones, iba casa por casa con el llamado a la organización y la lucha por los derechos más elementales.
Lorenia no sabe exactamente cuando fue que pasó de la labor social a la militancia política. Fue a principios de los 90, ya cuando el PRD tenía un regidor en el Ayuntamiento, Ramón Evangelista (QEPD) y a través de él se canalizaban las gestiones.
Luego le pidieron que convocara a los vecinos de la Álvaro Obregón para formar el Comité Seccional del PRD. Lo hizo.
“Se sorprendieron, porque alcanzamos fácilmente el número de afiliados y fue entonces que me eligieron presidenta del Comité. Todavía guardo el diploma que me acreditó en el primer cargo partidista”, dice, sin ocultar una risa entre nostalgia y orgullo.
III
Así llegó el año 1997, electoralmente, el mejor para el PRD. El Sol Azteca creció mucho. Se pintó de amarillo todo el sur de Sonora; se ganaron todos los municipios en aquella región y en otras de la sierra y el norte. Se registró el mayor equilibrio de fuerzas en el Congreso del Estado, después de toda una historia de bipartidismo PRI-PAN. Por primera vez hubo una correlación de fuerzas verdaderamente plural y con equilibrios y contrapesos.
Ese fue un punto de quiebre, un parteaguas, la transición entre el trabajo de gestión social y el de la militancia política. Andrés Manuel López Obrador ya era el dirigente nacional del PRD “y me gustó mucho que hubiera un reconocimiento a la participación de las mujeres y los jóvenes; encontré un entorno en el que pude desarrollarme sin mayores limitantes en un partido que innovó en cuotas de género, en igualdad de derechos. Ya gobernábamos la Ciudad de México (entonces DF) y ese era nuestro referente: que lo que allá pasaba, pasara en todo el país, en Sonora”.
Pero no fue fácil. Desde entonces teníamos las Brigadas del Sol. Íbamos casa por casa repartiendo un periódico para difundir nuestra propuesta. Era complicado, eran tiempos en que los partidos de la derecha estaban muy fuertes; como gente de izquierda estábamos en los cruceros repartiendo volantes y era muy triste ver que los automovilistas te cerraban las ventanillas, te hacían el ‘fuchi’; en las colonias la gente te cerraba las puertas. Fueron tiempos duros y qué bueno, porque eso te da herramientas, te da resiliencia, te hace valorar lo que se ha alcanzado a partir de 2018, te hace tener madurez”, dice con la sonrisa que quiere esconder la nostalgia.
En ese contexto de bipartidismo PRI-PAN quiso ser candidata a diputada federal y perdió. Era el 2006 y todos estábamos seguros de que ganaríamos la presidencia de la República, con AMLO como candidato. Pero la alianza de facto PRI-PAN lo impidió. Hay toda una historia de resistencia en esos años: “yo estaba trabajando en la iniciativa privada y me voy de lleno a buscar la candidatura, pero no se logró. Ni modo. Dejé la empresa y decidí que era el momento de poner todo el empeño en el proyecto obradorista y me fui de tiempo completo a trabajar en la conformación de los comités de apoyo a AMLO”, recuerda.
Lorenia siguió picando piedra en territorio, bajo la dirección nacional de AMLO en el PRD, hasta que llegó el 2012. Fue candidata a la diputación federal por el distrito 05, por mayoría y en la lista plurinominal. Así llega a San Lázaro por primera vez.
IV
También hay sinsabores. El proyecto del PRD se fue desdibujando. Los grupos internos hicieron mucho daño, se perdió la esencia del partido en el que comencé escuchando a mis padres brindando el apoyo, porque había un proyecto que hablaba de justicia social y de pronto se convirtió en un espacio para la disputa de intereses personales y de ‘tribus’. Comenzó el desgaste y el PRD entró a un proceso en el que se desdibujó a tal grado que ya perdió el registro nacional.
¿Cuándo decides irte a Morena?, le pregunto.
Yo siempre estuve en Morena, desde que era una Asociación Civil”, responde. “El paso del PRD a Morena fue un proceso natural porque es un proyecto que he acompañado desde hace 30 años, incluyendo aquel 2012 cuando se dio un gran debate nacional sobre si debíamos convertirnos en partido, lo que finalmente hicimos porque había que darle a la sociedad un instrumento capaz de competir electoralmente”, responde.
-Pero todavía en 2018 había gente que no le tenía fe al proyecto, gente que rechazó candidaturas porque no creían que fueran a ganar-, le recuerdo.
“Tienes razón, pero no es mi caso. En 2018 yo estaba segura que íbamos a ganar la presidencia y todo lo que ganamos en Sonora y en México. Me jacto de eso porque vengo de aquellos momentos en que te cerraban las puertas de las casas, te subían las ventanillas de los carros para no recibir un volante, pero tenía el pulso de la gente, estaba segura de que íbamos a ganar y mira, esa fue la elección más maravillosa que me tocó vivir”, relata con la sonrisa de quien recuerda las batallas perdidas, la impotencia de no ser, la tristeza de las derrotas.
Luego llegó el 2021 y el triunfo de Alfonso Durazo en la gubernatura, para romper el histórico bipartidismo PRI-PAN en Sonora. Y luego el refrendo del triunfo en la presidencia de la República con Claudia Sheinbaum en 2024.
V
Hay, le digo, una diferencia en todos esos procesos. AMLO fue renuente a las alianzas con fuerzas no afines a la izquierda hasta antes de 2018, lo que se tradujo en derrotas. Pero ese año abrió las puertas a nuevas alianzas: ¿es bueno o malo para el movimiento?, le pregunto.
“Fue una apertura que hizo la diferencia y creo que enriqueció mucho el proyecto, estoy convencida de que si bien es cierto que por el bien de todos primero los pobres -y esa ha sido la columna vertebral del movimiento-, para garantizar eso tenemos que atender a otros sectores, el gobierno debe ser para todos, no solo para unos cuantos. y creo que la integración de todos esos sectores fue muy importante, eso hizo la diferencia”. dice.
Están, le pregunto, demasiado confiados en que las políticas públicas de la 4T garantizan una base electoral que refrende triunfos?
“No, te lo digo con toda certeza, no nos confiamos, primero porque tenemos una oposición que se encarga de tergiversas cosas, hasta lo bueno lo quieren convertir en malo, estamos muy atentos hoy más que nunca porque todos los proyectos se tienen que estar autoevaluando, no te puedes equivocar”, dice.
Noto, le interrumpo, que la autocrítica no aparece en la narrativa de la 4T.
“Tenemos que hacer un pequeño alto en el camino, una reflexión, revisemos que hemos avanzado y qué nos falta, tengo esa percepción, estamos muy ocupados en hacer lo mejor que podamos y no caer en esa condición de triunfalismo… la autocrítica a lo mejor no se ve en los espacios públicos porque es correcto. Ya lo hicimos mucho en el PRD…
-Donde hasta se agarraban a sillazos, le interrumpo.
“Los procesos internos eran otra cosa, creo que se cometieron muchos errores en ese momento, pero ya pasó, sí creo que debe darse un espacio para la reflexión, para eso están los órganos del partido, y eso es lo que permite ir atendiendo, corrigiendo, percatándonos de la realidad, pero le ha hecho muy ben al movimiento no despegarse de la gente, de la tierra, del ras del suelo”, contesta. Hoy, dice, confiamos en el proceso interno, y que en quien resulte ganador o ganadora, sumará a todos los participantes.
VI
También hablamos de lo difícil que puede resultar para una mujer dedicarse a la política. Combinar la crianza de los hijos, las armonías y los desencuentros con la pareja, y Lorenia no se inmuta.
Tenemos una red de apoyo muy fuerte en nuestras familias. Álvaro y yo nos conocimos desde la secundaria o antes. Vivimos en el mismo barrio. No hemos tenido otra pareja nunca, somos primeros novios y hasta la fecha, compartimos tiempos, espacios, rutinas, atenciones. No soy cristiana, porque esa palabra es limitativa, pero encontré a dios desde que tuve a mi primer hijo, afirma, en esta entrevista inopinadamente realizada en su oficina.
Allí, donde Lorenia Valles, aquella adolescente que escuchaba a sus padres hablar de que era posible una opción diferente al PRI o al PAN desde la izquierda, cuando la izquierda era, electoralmente marginal, escuchó a su mamá, a su papá, a doña Rosa y a tantos otros a quienes sigue escuchando ahora, como senadora de la República y posible gobernadora de Sonora.
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